El cáncer ginecológico más frecuente en mujeres posmenopáusicas. Diagnóstico oportuno y manejo quirúrgico basado en evidencia hacen la mayor diferencia en pronóstico.
Se origina en la capa interna del útero (endometrio). Es el cáncer ginecológico más común en países desarrollados y su incidencia ha aumentado en México en las últimas dos décadas, en parte por factores como obesidad, diabetes y mayor expectativa de vida.
La buena noticia: la mayoría se diagnostica en etapas tempranas porque produce un síntoma temprano y específico — el sangrado posmenopáusico. Cuando se actúa a tiempo, las tasas de curación son altas.
El diagnóstico se basa en biopsia endometrial (histeroscopia o legrado) — la única forma de confirmar el tipo histológico y el grado. Estudios complementarios: ultrasonido transvaginal, resonancia magnética para evaluar invasión miometrial, y evaluación de extensión tumoral.
El estándar para la mayoría de los casos es la histerectomía total con salpingooforectomía bilateral, junto con estadificación quirúrgica que puede incluir linfadenectomía pélvica y paraaórtica selectiva, según el grado tumoral, tipo histológico y profundidad de invasión.
Según el reporte de patología final, algunas pacientes requerirán tratamiento adyuvante: braquiterapia vaginal, radioterapia externa o quimioterapia. Esa decisión la tomamos en conjunto con el equipo de oncología médica y radiooncología, basándonos en el riesgo individual de recurrencia.
Revisiones cada 3-6 meses los primeros 2 años, después cada 6 meses hasta 5 años, después anual. La detección temprana de recurrencias mejora drásticamente las opciones terapéuticas.